
DECLARACIÓN DE ARTISTA
La pintura de Maria Paola Coda habita un territorio donde la materia se convierte en memoria y el tiempo deja su huella. A través de un proceso lento de acumulación, ocultación y transformación, sus obras emergen como superficies estratificadas en las que presencia y ausencia, permanencia y cambio, conviven en una tensión delicada.
Inspirada por las atmósferas de la naturaleza —la inteligencia de la luz, la profundidad del color, los ritmos del crecimiento y la erosión— Coda no busca representar el paisaje, sino traducir sus procesos esenciales. La naturaleza no es un motivo en su trabajo, sino una presencia viva y un modelo de transformación. Sus pinturas evolucionan mediante capas sucesivas que sedimentan huellas, revelando rastros que aparecen, desaparecen y reaparecen con el paso del tiempo.
En el núcleo de su práctica se encuentra la idea de memoria sedimentada. La memoria no se entiende aquí como recuerdo, sino como acumulación: un proceso continuo mediante el cual experiencias, emociones y percepciones se depositan en la materia. Las superficies estratificadas de sus pinturas se convierten en depósitos de tiempo, donde cada marca, cada veladura y cada fragmento contiene el eco de algo que ha sido transformado más que conservado.
De este proceso surge una experiencia visual de intensidad silenciosa. Lejos del gesto espectacular o de la expresividad inmediata, sus obras se desarrollan a través de la contención, la profundidad y el silencio. La tensión emerge entre lo que se revela y lo que permanece oculto, entre control y entrega, entre orden e incertidumbre. La pintura invita a la contemplación, no como evasión, sino como una forma de encuentro con la complejidad de la percepción y el paso del tiempo.
Lo sublime continúa siendo una dimensión esencial de su trabajo. No como representación de la grandeza, sino como conciencia de fuerzas que exceden la comprensión inmediata: el tiempo, la memoria, la transformación y las estructuras invisibles que modelan la experiencia. Sus pinturas no ofrecen respuestas; generan espacios donde el espectador puede detenerse, reflexionar y acercarse a aquello que no puede ser plenamente aprehendido.
Los títulos de sus obras, siempre números primos, prolongan esta investigación. Elegidos por su singularidad y naturaleza indivisible, estos números existen en soledad dentro de un sistema mayor de orden. Como las propias pinturas, sugieren estados únicos de resonancia que se resisten a la repetición y permanecen irreductibles a cualquier narrativa.
En la obra de Maria Paola Coda, la materia se convierte en portadora de memoria, la luz en una medida del tiempo y la pintura en un espacio donde las huellas perduran. Sus trabajos exploran aquello que permanece: las marcas sutiles que deja la transformación, la persistencia de la presencia dentro de la ausencia y la intensidad silenciosa de la experiencia sedimentada en la materia.
Financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU
Copyright © 2025 Maria Paola Coda. Todos los derechos reservados.


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